“Dame un punto de apoyo y moveré el mundo”, dijo Arquímedes. Tras muchos años de formaciones, lecturas y reflexión, hoy te digo esto. Dame estas tres palancas y cambiaré tu vida.
¿Fanfarrona? ¿exagerada? Nop, quindi (escucha). Listen to me.
La receta es esta:
- Cuarto y mitad de metacognición (obsérvate a ti mismo; observa tus pensamientos, emociones y acciones y luego piensa dónde estoy, dónde quiero estar y qué pasos debo dar para llegar allí)
- Una dosis de remangarse y aplicar lo que has descubierto en esa metacognición
- A partir de ahí, replicas, mejoras, pules, repites y es un no parar hasta la victoria (siempre)

Peeerooo hay un prerrequisito súper importante. Debes creer que es posible mejorar. Debes tener una mentalidad de crecimiento (si nací sin saber leer y aprendí a leer, puedo aprender otras cosas) en lugar de una mentalidad fija (“nací así y así me moriré”; “mátame, camión”).
Evidentemente, ninguno de estos tres pasos o puntos se hacen solos, requieren aplicación y constancia, pero si uno quiere “mover el mundo” como Arquímedes necesita una palanca de titanio, no vale un palillo de dientes (magufadas, las justas).
Esto lo puedes aplicar a mejorar tu relación con el dinero, a tu tendencia a dejar las tareas empantanadas o inconclusas (ahora lo llamamos procrastinar, esa sencilla palabra tan pronunciable) o a tu gestión de la ira o el miedo o para librarte de tu dependencia de las redes sociales. Tanto da. La estructura del entrenamiento es la misma.
¿Dónde vas a aplicar tus tres palancas? ¿Cuándo vas a empezar? Te leo.