Ley de Parkinson: aprovecha al máximo tu tiempo de estudio

Preparando las oposiciones me empapé de técnicas de estudio y de productividad. La idea era optimizar el tiempo, estar centrado y avanzar lo más posible. Una de las técnicas que más me ayudó fue la que aplica la llamada Ley de Parkinson. Consiste en establecer un tiempo reducido para realizar cada tarea (muy reducido) y se basa en atajar cierta tendencia del ser humano a extenderse en el tiempo cuando no tiene un límite muy claro.

Por ejemplo, es común que los jóvenes que viven solos pospongan el orden de sus cuartos o apartamentos hasta que se anuncia la llegada de los padres, los suegros o el director del colegio mayor. Nunca se encuentra el momento de hacerlo, parece una tarea ardua y compleja, uno no sabe por dónde empezar etc. Sin embargo, si los padres, los suegros o la pareja anuncian su llegada al lugar de forma repentina el estudiante se pone a ordenar como si no hubiera un mañana y en una hora lo más importante está solucionado como por arte de magia y bajo los efectos de la adrenalina. La idea es que en condiciones de poco tiempo y urgencia, el ser humano optimiza su esfuerzo: va más al grano, no pierde el tiempo, se centra en lo esencial. Cuando aplicas la técnica de Parkinson (derivación de la Ley del mismo nombre) te estás centrando en ese 20% de la tarea que te dará el 80% del resultado, es decir aplicas la ley de Pareto de manera instintiva.

Cómo se aplica

Pues bien, esto es precisamente el principio de la Ley de Parkinson: un sentido de la urgencia que aporta foco y propósito y te vuelve más eficiente. Si en lugar de darte 2 horas para estudiar cada tema y pasarte un montón de tiempo leyendo, releyendo, subrayando y pensando en hacer esquemas, decides dedicarle solo media hora, para sacarle el máximo jugo a esos minutos terminarás centrándote en la estructura (título, epígrafes, subepígrafes, cuadros, negritas, subrayados), te quedarás con una idea global bastante aproximada (una visión macro, una panorámica general) y obtendrás algunas palabras clave que te ayudarán a recordar lo esencial del contenido visto. Lo irónico del caso es que si le dedicas 2 horas al estudio de un tema en lugar de 30 minutos, al terminar lo más probable es que ni siquiera puedas recordar los epígrafes y subepígrafes más importantes, porque tendrás un totum revolutum en la cabeza en el que no destacará nada en concreto. Te perderías en los detalles.

Por supuesto, el tiempo se debe medir con un temporizador, porque la urgencia debe estar clara para ti para que la técnica sea eficaz.

Cómo combinarlo con otras herramientas

Una técnica que podrías combinar con esta para mejorar el resultado sería la de evocación y explicación. Consistiría en, una vez aplicada esta sesión de 30 minutos, explicar de memoria el tema a otra persona, a través de un audio breve, por ejemplo, o escribiendo de memoria los nombres de los epígrafes y subepígrafes. El esfuerzo mental activo que requiere resumir o explicar de memoria y con tus palabras eso que acabas de ver le dice a tu cerebro que esa información es relevante para ti y te ayudará a memorizarla. (Como ves, he repetido muchas veces en este párrafo la expresión «de memoria»; no ha sido casual. En las oposiciones, sin memoria no hay paraíso).

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