La mirada del otro

A veces parece que la convivencia fuera un gran malentendido y que la comunicación fuera un campo de minas en el que yo digo B y tú entiendes “manzanas traigo” (mi primera novela, “La noche de Gulliver”, iba precisamente sobre eso). Sin embargo, en gran medida, es la mirada del otro la que nos construye.

Aquí ocurre algo parecido a lo que sucede en las artes gráficas y el diseño, donde tiene que haber una figura y un fondo, sin el observador y sus clichés es como si nosotros no tuviéramos derecho a un nombre y a un espacio propio; es su mirada de un tercero la que separa figura de fondo y nos nombra. Así, por ejemplo, sucede que la palabra español no procede del español sino del occitano o provenzal en el sur de Francia (fuente). Y el nombre de la moneda que teníamos en España antes del euro, la peseta, venía del catalán, concretamente del término catalán peceta, que es un diminutivo de peça (pieza) y significa «piececita».

moneda de 500 pesetas
Imagen de Wikipedia Images – Pixabay

Estas reflexiones me las suscitó descubrir en “El pequeño libro de Japón” el importante peso de China en la formación de Japón como cultura y como nación. La bandera, el budismo, la escritura… son algunos de los rasgos que Japón le debe a China (el budismo se introdujo vía Korea pero fue China quien lo impulsó). El libro se detiene a reconocer esto y a hacerlo compatible con que Japón haya desarrollado su propia cultura a partir de estos rasgos. Los nombres oficiales de Japón, Nippon y Nihon, significan «origen del sol» porque así los percibían desde China.

Para mí el hecho de que rasgos que un país considera como intrínsecamente suyos procedan de otra cultura es algo normal y coherente: nada surge en el vacío y todas las culturas se nutren del intercambio. Por eso me resulta curioso la gente radical en estos asuntos de lo nacional.

https://es.wikipedia.org/wiki/Jap%C3%B3n