Cuando se despertó (en el siglo XXI y en la era de la IA) el arquetipo todavía seguía allí.
Los arquetipos son elementos que han calado en el inconsciente colectivo de los seres humanos, capaces de despertar significado y emociones en personas de todos los orígenes geográficos y estratos económicos y sociales. Una especie de esperanto atemporal en el mundo de los símbolos, podríamos decir: elementos de narrativa universales y que no pasan de moda.
La muerte del Papa Francisco trajo el cónclave, las fumatas y las televisiones y las personas de a pie (muchas de ellas ateas, agnósticas o que pasan totalmente del catolicismo) se lanzaron a mencionar posibles estrategias, candidatos probables y en definitiva a sentirse cautivados por la narrativa del papado, sus arquetipos y sus símbolos.
La Iglesia católica lleva siglos modelando signos, símbolos y arquetipos para el mundo occidental (una porción no muy relevante en términos cuantitativos si se considera a nivel global pero con mucho peso en términos económicos y políticos por su condición de “primer mundo”) y en momentos así es cuando se hace patente. Y si no, piensa a cuánta gente que no es católica practicante has oído comentar estos días sobre detalles del cónclave, intrigas vaticanas o algún detalle sobre los Papas.

Las señales de humo han sido formas de comunicarse desde la invención del fuego pero esta circunstancia de que haya un humo blanco y un humo negro cuyo significado todos entendemos y comentamos lo ha fijado la Iglesia católica. Esto ejemplifica bien cómo funcionan los símbolos, especialmente los arquetipos: cogen algo que es ancestral, le añaden algún matiz y lo fijan en la memoria colectiva.
Ayer estuve viendo “Asterix y las 12 pruebas”, una película de animación de 1980 y tantos (que curiosamente precedió al cómic del mismo título). Basada libremente en los 12 trabajos de Hércules, el largo cuenta la historia de las pruebas que Asterix y Obelix tuvieron que superar por exigencia de Julio César para demostrar que la Aldea Gala está poblada por dioses.

La estructura narrativa de esta película, prestada de la obra clásica es arquetípica y también lo es la mayoría de los personajes de la serie de Asterix: el bardo, el mago, el personaje astuto… Y de hecho, el marco general de la serie no deja de ser una aplicación del David frente Goliat, el pequeño frente al grande, arquetipo que usan los escritores de discursos políticos desde todos los tiempos porque genera empatía por parte del espectador (underdog).
Estos son solo dos ejemplos de la pervivencia de los arquetipos en nuestros tiempos, en el área de la religión, la actualidad y el entretenimiento. Sin embargo, los arquetipos se han utilizado de manera extensa e intensiva en las áreas de Psicología, Marketing y Narrativa.
Y para qué te cuento esto. Lo hago con dos objetivos: el primero, para que aprendas a detectar los arquetipos cuando te tropieces con uno (¿es un pájaro, es un avión? no, es un arquetipo) y te pares a pensar si lo están usando para manipularte o simplemente para realzar una buena historia. Segundo objetivo, mi intención es que puedas incorporar esta herramienta a tu comunicación o a tu narrativa para conectar mejor o incrementar la expresividad y eficacia de tu discurso.
Para saber más sobre el libro que se hizo a raíz de la película haz clic aquí