Día 8: La entrevista

El Jefe Supremo prosiguió su conversación. Estaban a unos tres o cuatro metros el uno del otro. La distancia normal entre androide y ser humano en aquellos tiempos. Sacó a colación la importancia del tono y del lenguaje no verbal para los humanos. Señaló lo difícil que había sido programar a las inteligencias artificiales para percibir e interpretar correctamente estas señales sutiles y reconoció que aún no era un terreno que considerase dominado. 

Sara asentía con la cabeza maquinalmente mientras trataba de captar la información de contexto. No era lógico citarla en presencial para darle esta clase teórica de cosas que para ella eran evidentes. Había algo más. 

—En resumen, me gustaría que me ayudaras a causar una buena impresión en una entrevista que tengo la semana que viene. Necesito generar autoridad y… —aquí se detuvo— seducir, necesito seducir.

—¿A algún público en especial?

—Esto… público femenino, sobre todo —los androides no se sonrojaban, pero a Sara le pareció que el ligero temblor de la voz del Jefe Supremo era el equivalente al rubor humano.

—¿Algún estrato socioeconómico, nacionalidad, edad?

Aquí él volvió a hacer una pausa, más larga que la anterior.

Caminó unos pasos hasta la única estantería física de la estancia (el resto eran paneles sobre los que proyectar información en distintos formatos). Cogió un libro físico de lomo grueso. En la distancia Sara solo veía una portada en blanco y negro con un diseño de círculos. Le vio acariciar la portada con arrobo… 

—Emmmm… países orientales, asiáticos…, por ejemplo, Japón… —dejó el libro en la estantería, con la portada para abajo —y bueno, también me gustaría tener un detalle con… con la persona… con la… entrevistadora —ahí estaba de nuevo ese rubor en la voz.

Portada de libro con una geisha japonesa

—Los regalos en situaciones laborales tienen una etiqueta y en interacciones de carácter personal, otra, contestó Sara siguiendo una corazonada.

El Jefe supremo del laboratorio se giró hacia ella muy rápido, con gesto de sorpresa.

—¿Cómo lo sabes?

© Elena Alemany 2026

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