Desde aquel momento tan cómico en el que Mathew recitaba haikus propios de un programa de bricolaje y electrónica a su supuesta amada, Sara no le había vuelto a ver. Estaba un poco avergonzada por haberse dejado llevar por la comicidad del momento. Con los humanos su espontaneidad le había jugado malas pasadas pero no tenía claro cómo encajaban las IA híbridas de última generación este tipo de cosas.
Mathew le había enviado un cuestionario que según él le ayudaría a “centrar el tiro” -eso había dicho- en su aproximación a Kaiko Maiko.

Ojeando el cuestionario Sara empezó a dudar de si ella era la persona indicada para ayudarle. Se sentía un poco como cuando años atrás le pidieron enseñar su lengua materna a un extranjero: se dio cuenta de que al explicar la gramática, por ejemplo, se quedaba sin argumentos “esto se dice así porque se dice así”. Ahora, de nuevo, le parecía que no era capaz de explicar las razones de muchas cosas que ella sabía que funcionaban.
Se anticipaba a las dudas demasiado científicas y racionales de Mathew a las respuestas que pensaba darle. no había más que ver las preguntas para imaginar que la conversación no iba a ser sencilla.
© Texto e imagen Elena Alemany 2026