La experta humana estaba desgranando el resultado de su investigación sobre interacción humana, que al parecer ya duraba años.
Era brasileña pero su apellido parecía ser de origen centroeuropeo, pensó Mathew. Estaba más disperso de lo normal en él. Esto le desconcertaba.
“Lo primero que detecta un ser humano al ver a otro es si es amigo o enemigo. Esto lo decide en segundos, observando de manera holística. Lo segundo que percibe es si es un ganador o un loser y en tercer lugar es si es un aliado o un oponente”, explicaba la experta.

Vista así, la teoría era sencilla, pero en el caso de la seducción, y más en el caso del cortejo de una Inteligencia artificial a una muñeca japonesa, a Mathew no le quedaba claro si ir como un ganador era siempre la mejor estrategia. Había leído que a algunas mujeres les gustaba proteger a sus parejas, que tenían un instinto maternal muy desarrollado. Por otro lado, Kaiko Maiko no parecía alguien con demasiado instinto maternal. Mathew también había leído sobre mujeres con mucho carácter con las que una aproximación un poco desafiante, fingir ser un oponente inicialmente, podía ser una forma de demostrar seguridad y fuerza. Le podía dar cierto aura de macho alfa, que al parecer gustaba a algunas hembras. Sin embargo, por lo que él sabía de las culturas orientales la oposición frontal era algo que se solía evitar.
Cuanto más leía, más desconcertado estaba. Gran parte de la información era contradictoria o muy subjetiva y además no encontró fuentes fiables sobre comportamiento de muñecas tradicionales japonesas… Iba a tener que sincerarse con Sara y pedirle consejo, pero no era algo que tuviera ganas de hacer.
© Texto e imagen Elena Alemany 2026