María y yo llevábamos años viviendo justo en frente, pero desconocíamos su existencia. De aquel bloque sabíamos únicamente que tenía una piscina en la azotea, que contaba con garaje y que en Navidad ponían unos abetos de lo más grandilocuentes, enormes y llenos de luces, propios de la gran comunidad de vecinos que eran y de aquella zona residencial (secretamente me daba envidia su opulencia, siendo nuestro abeto más sencillo y anticuado pero suficiente para el pequeño hall de nuestro edific...
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