Desde aquel momento tan cómico en el que Mathew recitaba haikus propios de un programa de bricolaje y electrónica a su supuesta amada, Sara no le había vuelto a ver. Estaba un poco avergonzada por haberse dejado llevar por la comicidad del momento. Con los humanos su espontaneidad le había jugado malas pasadas pero no tenía claro cómo encajaban las IA híbridas de última generación este tipo de cosas.
Mathew le había enviado un cuestionario que según él le ayudaría a “centrar el tiro” -eso ha...
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