Ene 27

Las diez habilidades básicas de todo profesional

By admin | comunicación , formación , psicología , recomendado , recursos humanos , trabajo

En tiempos de altas tasas de desempleo conviene afilar nuestro currículum y nuestras capacidades.

Según Bill Coplin, autor de “10 Things Employers Want You to Learn in College, Revised: The Skills You Need to Succeed” (edición de julio de 2012), hay un conjunto de diez habilidades básicas imprescindibles para el éxito de todo empleado.

Bill Coplin ha sido director del programa de asuntos públicos para alumnos de la Universidad de Siracusa desde 1976. Desde 2000, Coplin ha centrado sus esfuerzos en mejorar el sistema educativo de institutos y universidades mediante el diseño e implementación de currícula que desarrollen la carrera profesional de los estudiantes y sus habilidades ciudadanas y de participación. Es consultor curricular en el Instituto de Liderazgo y servicio público de la ciudad de Nueva York. Su web es esta.

A continuación enumero las diez habilidades para el éxito según Coplin (en traducción mía):

  1. Asumir responsabilidad.
  2. Desarrollar habilidades físicas.
  3. Comunicación verbal.
  4. Expresión escrita.
  5. Trabajo directo con personas.
  6. Capacidad para influir en la gente.
  7. Capacidad para recopilar información.
  8. Uso correcto de las herramientas cuantitativas.
  9. Capacidad de plantear y contestar las preguntas adecuadas.
  10. Habilidad para resolver problemas.

Existe versión en español de este libro con el título “10 factores claves de éxito en la empresa” editada por DEUSTO, aunque corresponde a una versión no actualizada del original de Coplin.

Dic 24

Under All This (microrrelato bilingüe español-inglés)

By admin | cuentos , escritura , Idiomas , literatura , recomendado , traducción

Under All This

La nevera estaba llena de palabras. Los letreros imantados habían ido formando palabras, mujer, hombre, orgullo, grande, futuro, disparatado. Las había juntado ella, pero de un modo más o menos oscuro aquellas palabras inconexas estaban relacionadas con su tiempo con él, un tiempo que ahora al abrir la puerta a los de la mudanza contratada por él dejaba atrás.  Su catarsis fue bastante elemental: con las uñas largas y sin pintar arañó de arriba abajo aquella nevera de dos cuerpos, abajo las frases en tres escalones, formando triángulos, formando espirales que conducían a un final oscuro, sin aire, le recordaban el tiempo en el que sus nombres formaban la palabra couple. Cogió la aspiradora y puso la potencia al máximo: desafió su potencia haciéndole absorber aquellos recuerdos. El tanque transparente dejaba entrever palabras entre restos de polvo. Al desenchufar la aspiradora en algún lugar imaginario sonó un clic.
Sobre la nueva nevera, como un conjuro, en la parte central fijó out. Ese era el fin que ella había elegido. Sin embargo, fuera, sobre la grava, a mitad de camino entre la casa y el nuevo paradero de su ex, aquel traslado había dejado una palabra traspapelada, under.

© Elena Alemany Sánchez-Moscoso

 

Ilustración del cuento  bilingüe "Under all this"

 

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Under All This

(English version)

The fridge was full of words. The little magnetic signs had made up words, woman, man, pride, big, future, absurd. It was her who had matched all these words, but in a somewhat dark way those words were related to her time with him, a time which now, as she opened the door to the moving workers paid by him, she was leaving behind. Her catharsis was quite elemental: with her long unvernished fingernails she scratched up and down the two story-fridge, down went those three-step sentences, forming triangles, building spirals that led to a dark end without air, reminding her the time when their names formed the word couple. She took the hoover and challenged its power to vacuum those rememberings. The transparent tank let see some words among the dust. A click sounded in an imaginary place when she unplugged the hoover.
On the centre of the new fridge, as a spell, she fixed out. This was the end she had chosen. However, outside, on the gravel, halfway between the house and her ex boyfriend’s new residence, this moving had let a word behind, under.
© Elena Alemany Sánchez-Moscoso

 

Fridge Magnets

Dic 16

Un premio Nobel en mi peluquería

By admin | libros , psicología

Estoy en la peluquería, con mi Kindle. Antes para cosas así uno debía elegir la lectura antes de salir de casa (¿qué libro o revista me llevo?) pero ahora en unos pocos gramos de ereader caben decenas de libros y documentos, lo que significa que pospones la decisión hasta el momento de llegar a destino. Decido proseguir mi lectura de “Pensar rápido, pensar lento” del psicólogo y premio Nobel Daniel Kahneman. En la parte por la que voy el autor está mostrando hasta qué punto la intuición nos engaña a la hora de calcular probabilidades.

Todo el libro se ocupa de explicar qué son y cómo funcionan lo que Kahneman llama Sistema 1 y Sistema 2, nuestras dos formas esenciales de procesar el mundo.

El Sistema 1 es rápido, de funcionamiento casi automático y eminentemente intuitivo. Contempla los estímulos en plan global, realiza predicciones de expectativas. Y soluciona de forma satisfactoria la mayor parte de situaciones con las que nos encontramos a diario.

El Sistema 2 es analítico, más lento y se ocupa de contrastar los resultados del Sistema 1 y comprobar su validez. Requiere más energía mental por nuestra parte y va asociado a síntomas físicos reconocibles como la dilatación de las pupilas. Se ocupa del cálculo mental, por ejemplo, y de procesar información compleja de forma detenida.

El fragmento que estoy leyendo muestra cómo a menudo confundimos representatividad con probabilidad.

Levanto la vista del Kindle un momento y reparo en que la manicura que hay en un lateral es zurda. La rubia de botas con lentejuelas a la que está atendiendo también es zurda. Un poco más allá hay una mujer de unos cuarenta años vestida discretamente tomando notas con la izquierda también… Qué raro, pienso. Según cuenta Kahneman, uno de los elementos en los que hay que fijarse en estadística es la “base rate” o tasa base, la frecuencia de un determinado grupo o tipo.

 

Imagen que muestra libro de Kahneman y rulos

La investigación le sale al paso a la realidad cotidiana, o viceversa

Si en esta peluquería estamos ahora mismo unas 15 personas aproximadamente, ¿cuál es la probabilidad de que haya 3 zurdas? Juraría que el porcentaje de zurdos en España es de un 10% de la población, me digo. Podría comprobarlo buscando en Google en el Iphone, pero no llevo tan lejos mi investigación, simplemente pienso que me sobran zurdas y vuelvo a observar atentamente. Resulta que una de las zurdas es una “falsa zurda”: en realidad escribe con la derecha, pero como la veo en el espejo… La mujer que hace la manicura es una verdadera zurda y la rubia de las botas ‘cantosas’ también.

En esta pequeña muestra, la tasa de zurdas es un poco más alta que la media española (sale 1,5 zurdas si se aplica el 10% y 1,65 si se usa el 11%, cuando al parecer aquí tenemos al menos 2), pero tener la tasa base como referencia me ha ayudado a detectar un error en los instrumentos de medición (el efecto del espejo). Me está gustando este libro, me digo a mí misma. Me vuelvo a mi Kindle a ver qué sigue contando Kahneman sobre Linda, un caso que trajo de cabeza a muchos especialistas. En ese momento vuelve mi peluquera, me gira la silla y me pide que incline la cabeza hacia abajo para peinarme. Seguramente se llame Linda, esta peluquera empeñada en ponerme también a mí cabeza abajo. Obedezco mientras las ideas y la sangre se agolpan en mi cabeza inclinada.

 

Información complementaria

Datos del libro: “Pensar rápido, pensar lento” de Daniel Kahneman, traducción de Joaquín Chamorro Mielke. Editorial Debate.

Charla de Kahneman en el seno de las TED Talks sobre El enigma de la experiencia frente a la memoria (en inglés, con subtítulos en español).

Dic 11

Ponga un troll en su vida

By admin | 2.0 , comunicación , digital , humor , recomendado , redes sociales

Ponga un troll en su vida. Aprenderá muchas cosas sobre sí mismo; sobre sus propias fobias, sobre cómo encaja la crítica, y descubrirá hasta qué punto está convencido de lo que publica en su blog y hasta dónde quiere llegar con tal de tener razón (o con tal de que parezca que la tiene).

En definitiva, descubrirá su verdadera postura respecto a si el fin justifica los medios, la libertad de expresión y otra serie de aspectos sobre los que hacía mucho que no pensaba.

Nube de palabras sobre los troll

Si el lector pertenece al clan de los blogueros profesores con tarima ambulante se descubrirá a sí mismo tratando de convencer al troll de su error. En función del tipo de profesor  que sea, sus argumentos serán más bien de autoridad (“yo que tengo tal formación sé”, “el célebre X decía…”), o de lógica (si A entonces B). Algunos no pueden evitar ponerse condescendientes, otros tiran de sarcasmo. Unos exageran para convencer, otros se limitan básicamente a suspender y humillar al “alumno díscolo” delante de toda la “clase”.

Algunos rebaten punto por punto el comentario del troll mientras otros se carcajean globalmente del contenido o simplemente censuran el estilo o se agarran al primer defecto de forma que encuentran. También en esto se retrata el bloguero, la mentalidad de la atención al detalle es distinta a la del que tiende a percibir y comunicar globalmente, como explican los libros de Programación Neurolingüística.

Por supuesto, la condescencia y el sarcasmo dicen poco de nuestro respeto por el otro como interlocutor y también dejan en mal lugar nuestra capacidad de comunicación y para el análisis racional. En esto, como en la mayor parte de las cosas de la vida, la actitud es un factor determinante del resultado, y la receptividad y la capacidad de dejar en suspenso lo que dábamos por indudable son cualidades muy poco frecuentes.

 

Nube de palabras del campo semántico del troll

 

Esta actitud receptiva es rara, pero haberla, hayla. Existe cierta “raza” de blogueros que empiezan a desarrollar su argumentación por escrito siguiendo una determinada línea de pensamiento y cuando llevan un par de párrafos se dan cuenta de que la postura del troll no es tan absurda como parecía y descubren que hay una pequeña y remota posibilidad de que el autor de ese comentario incendiario no sea un troll sino simplemente alguien demasiado visceral que se inflama enseguida, que no escribe demasiado bien, pero que básicamente está en lo cierto, por más que nos moleste reconocerlo…

Para que esto suceda no sólo hace falta que el bloguero sea capaz de aparcar sus dogmas por un momento sino también que haya desarrollado una peculiar relación con la escritura, que la haya convertido en una verdadera extensión de su proceso mental, de su propia capacidad de relacionarse con el conocimiento y de preguntarse cosas (y eventualmente incluso de contestarlas). Y también hace falta que posea la capacidad de serle infiel de vez en cuando a su orgullo, porque el orgullo con frecuencia se vuelve un compañero demasiado absorbente.

 

Respira hondo y no alimentes al troll

En Internet se suele aconsejar no responder a las provocaciones de los troll

El caso del bloguero receptivo a un comentario en tono encendido pero con cierta base se da muy raras veces, porque al detectar un comentario con tono de troll en nuestro panel de moderación solemos ponernos automáticamente en modo visceral: se nos activa la amígdala y a partir de ahí resulta díficil atender a la poca o mucha razón que contenga el comentario del supuesto troll. Nuestro sistema de seguridad ha dictaminado que hay peligro y nuestros ojos escanean el texto, no tratando de entender, sino en busca de puntos débiles a los que aplicar nuestros dientes afilados para inmovilizar a la “amenaza” lo antes posible. Todo escritor o artista que se haya expuesto a las críticas del público o de la prensa conoce al detalle esta reacción a la defensiva que se desencadena cada vez que alguien osa encontrarle defectos a su obra…

Existe un tipo de reacción más, el “no alimentar al troll“, dar la callada por respuesta a la espera de que el troll se canse y se vaya. Suele ser una reacción de blogueros o foreros experimentados que han desarrollado la capacidad de detectar que el ánimo del troll es simplemente generar malestar y polémica estéril para hacerse notar o recibir una atención que no consiguen en otros ámbitos.

En Twitter, por ejemplo, es muy fácil detectar a los troll, porque suelen contar con bios mal redactadas y tener tuits repletos de salidas de tono. En los casos en los que resulta evidente que el ánimo del texto troll es únicamente molestar y destruir, el bloguero experimentado recuerda lo sucedido otras veces, respira hondo, relaja la amígdala, y actúa según le indica su Cortex Prefrontal, ignorando al incordio que intenta hacerse pasar por contrincante.

 

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Dic 08

Educar la mirada en el mundo 2.0

By admin | 2.0 , comunicación , digital , diseño , formación , foto , psicología , recomendado , sociedad

-“Las Meninas” ya me las sé.
La frase la ha pronunciado un chico de unos veinte años en medio de la clase de Historia del Arte de una facultad de Bellas Artes. La declaración impacta en el pecho del profesor de casi cuarenta años como si fuera una bomba. Respira hondo y trata de encontrar ánimo para la ingente tarea que tiene por delante. No es sólo que falle la comprensión de los matices que diferencian saber, conocer y haber visto, reflexiona. Es un problema de actitud y de mirada. La mirada de quienes miran sin ver.

Lo siguiente es un ejercicio de pintura. El profesor ha proyectado una fotografía en la que aparece Eugène Atget a 1,50m x 1,50m aproximadamente para que los alumnos la dibujen. La imagen es la siguiente.

 

Retrato de Eugène Atget

Retrato en el que aparece el fotógrafo francés Eugène Atget

 

Algunos alumnos terminan su retrato muy pronto, cosa que sorprende al profesor.

-¿Habéis dibujado las gafas?, pregunta.

-¿Qué gafas?, le contestan.

Al escuchar la frase el profesor siente como si le hubiesen dado un mazazo en la cabeza con un signo de interrogación gigante. ¿Tan jóvenes y ya con problemas de vista?, se dice, incrédulo.

Como se puede ver en la parte inferior de la foto, a la izquierda, bajo la mano derecha del retratado se entreven unas gafas. Cierto que no se ven bien, pero el brillo es evidente y la postura de la mano no tendría sentido si no estuviera sosteniendo algo pequeño y ligero como unas gafas. Por no mencionar que a la hora de pintar cualquier cosa uno espera del retratista la máxima atención a los detalles…
El profesor está sorprendido e irritado. No cesa de preguntarse cómo es posible que un aspirante a pintor puede ignorar que un fotógrafo anciano evidentemente necesita gafas. Es una cuestión de cultura o de conocimiento del medio que uno no puede pasar por alto -se dice-, información de contexto imprescindible para todo artista que esté en el mundo.

Por otra parte, el profesor es consciente de que la parte inferior izquierda es una zona casi “ciega”, poco “caliente”, un área olvidada con frecuencia en el primer vistazo “casual” de todo espectador. El no percibir las gafas sería algo comprensible y normal para alguien que estuviera viendo fotos rápidamente en una pantalla de ordenador, por ejemplo, en un blog con varias imágenes de fotógrafos parisinos del siglo XX. Pero no sería comprensible ni normal en alguien especializado en artes plásticas a quien se le ha pedido que pinte lo que ve.
Que alguien que aspira a ser un buen observador y a ganarse la vida expresando mediante recursos plásticos y visuales no tenga la capacidad de detectar unas gafas en un retrato de un metro y medio de largo por un metro de alto le parece un problema grave.

Mientras apaga el proyector  y enciende la luz se dice que es asombrosa la cantidad de jóvenes pintores que necesitan aprender a mirar a sus veinte años.

[Este post relata una situación real ocurrida en 2012]
Nov 24

Ironías: pagar por letras mudas

By admin | escritura , humor , Idiomas , libros

Compro y descargo en mi Kindle el libro Elementos del inglés: Las letras mudas de Raymond Long. En la portada, bajo el título, aparece esta advertencia: “Por favor, no lea este libro sin comprar una copia. Los ingresos del autor son muy pocos”.

He aquí la foto:
Foto de advertencia en un ebook

Las letras mudas del inglés no tienen por qué ser gratuitas, sostiene Raymond Long

Parece que la gente no está muy dispuesta a pagar por letras que, al fin y al cabo, no se pronuncian 😉 El ebook cuesta 0,99 euros en Amazon.es y tiene 1071 posiciones (en los ebook dado que la maquetación es fluida no tiene sentido hablar de páginas y se habla en cambio de “posiciones”).

Al leer la advertencia descubro que la traducción del libro es bastante mala porque ese “los ingresos del autor son pocos” es un español realmente macarrónico.  Para consolarme por la decepción elaboro una versión más castiza de la advertencia: “Por favor, no lea este libro sin comprar una copia. Los ingresos de Raymond El Largo, por contradictorio que parezca, son cortos”.

 

Nov 18

Clases de escritura creativa: economía, ritmo y tempo

By admin | cuentos , escritura , formación

El siguiente post, tomado del blog Minoentender con permiso de Elsinora Bonasera me parece un buen ejemplo de economía narrativa y de buen ritmo. En los talleres de relato breve es muy habitual repetir como un axioma que lo que no suma, resta. Pues bien, en este fragmento los elementos seleccionados son los precisos para retratar el espacio y la escena.

Estábamos con la escena ‘cartero comercial versus perro rabioso’. Imaginad: una puerta con su ranura horizontal a media altura. La parte de arriba es de cristal esmerilado, lo que garantiza en un 90% que va a haber una cortina, probablemente con puntillitas, puntillitas que se enredan con el folleto, la carta de amor o del juzgado, o lo que se quiera introducir por semejante orificio.
Pero ni siquiera hace falta que tenga puntillas: la cortina más lisa del mundo también se resistirá al paso de tu folleto, o de tu soneto, por pura física: es una pared vertical que opone resistencia, si bien afortunadamente es un cuerpo elástico. Pero antes de luchar con la cortina tienes que luchar con la famosa pinza. En este caso, además, hay una especie de grapa sobresaliendo del marco metálico del buzón, que tú no ves hasta que es demasiado tarde. Te clavas la grapa, porque no hay forma humana de presionar la pinza sin meter la mano hasta dentro. Metes el folleto, te clavas la grapa, observas con alivio que no está oxidada y justo en ese instante suena un ladrido como a medio centímetro de ti, vibra la cortina con sus puntillitas, vibra el marco de metal, vibras tú como si fueras una campana y te imaginas que estás siendo mordida por el dichoso perro sólo porque todo ha sido casi simultáneo: el folleto, la cortina, la grapa, y el perro. Qué digo perro, la fiera salvaje que sigue ladrando salvajemente aunque tú ya hayas doblado la esquina.

Post original sacado de aquí.

Respecto al asunto del ritmo, la secuencia que empieza en “Metes el folleto, te clavas la grapa…” reproduce de forma temporal lo sucedido y combina los elementos visuales, sonoros, y táctiles así como su progresión de forma tal que se produce una amplificación (como de campana).

 

Nov 18

Escritores

By admin | escritura , formación , libros , literatura , recomendado , viajes

-¿Eres escritora?

La voz venía de alguien que estaba a un metro de mí y de cuya presencia no me había percatado, inmersa como estaba en analizar rápidamente varios libros de escritura creativa en inglés antes de decidir cuál o cuáles me llevaba.

Giré la cabeza y vi a un hombre de unos treinta y muchos mal llevados, o cuarenta y pocos llevados normalmente, con gafitas, complexión delgada y mirada fija, fija en mí, la escritora, o mejor dicho, “the writer”, porque estábamos en Nueva York, y “writer” tiene un sentido más amplio en inglés, que incluye por ejemplo a cierto tipo de periodistas. Así que se me preguntaba así, sin anestesia, preámbulo, diván ni micrófono si soy escritora; la pregunta del millón.

Podía haber reaccionado como en el cine clásico inglés con un “disculpe, creo que no hemos sido presentados” o haber soltado el speech filosófico que utilizo a veces y que explica que la gente se define por lo que hace y no por el sustantivo que decide aplicarse, y que entonces, lo relevante es que si escribo y no tanto si soy escritora o no.

Pero el sentido común estuvo esta vez de mi parte (o simplemente quería volver pronto a mi mano a mano con los libros) y me limité a contestar que sí, que era escritora.

Nada grave ni nada espectacular ocurrió al hacer semejante pronunciamiento, ni en el entorno ni en mí misma. Ni me creció la nariz ni sonaron campanas celestiales.

Por su parte, el tipo se limitó a sonreir nerviosamente y me preguntó que qué libro le recomendaba para aprender a escribir.

Acabáramos, pensé, así que era eso. No es que mi talante literario me envuelva como el aroma denso de un perfume, reconocible para los olfatos atentos, incluso en Nueva York, tan lejos de mi contexto natural. Era sólo que en lugar de preguntar a un empleado de la librería se ha acercado a mí porque me ha visto en esta sección.

Debería haber dicho eso tan socorrido de “buena pregunta” para ir ganando tiempo mientras, y respirar hondo y evitar que la responsabilidad me abrumase, dios mío cuántos libros gritando calladamente “cómprame”, “léeme”, “llévame a casa” (como en aquel anuncio de Rodolfo Langostino… cuánta digresión, volvamos al tema), cuánto esfuerzo de los autores para profundizar en algo complejo y transmitirlo lo más claramente posible, cuánta variedad de enfoques, además. Y cuánto libro que es un timo, por otra parte, pero estos se detectan a la legua.

En lugar de recurrir al “buena pregunta”, me limité a escanear con nuevos ojos la estantería que llevaba analizando un rato, centrándome esta vez en lo conocido (hasta entonces me había focalizado en lo desconocido) y después en lo conocido recomendable.

 

-Te recomiendo este -le dije, mientras le alargaba “Bird by bird” de Anne Lamott-, te transmite todo el entusiasmo que necesitas para ponerte en marcha.

 

Pese a su aspecto apagado, el tipo no parecía ser consciente de necesitar entusiasmo alguno, porque me dijo: Yo más bien necesito técnica, estoy empezando, no sé nada de escritura. ¿No hay un libro clásico de escritura creativa? ¿Un libro que todo el mundo lea?

Sus palabras me hicieron intuir vagamente su confusión mental y lo muy desencaminado que iba en su búsqueda, pero decidí ir a lo práctico y dejar a un lado mi vocación de profesora de trinchera, según la cual debía decirle al interfecto que dedicara un año a leer a los clásicos y un año a llevar un diario y a partir de ahí se plantease comprar libros de escritura creativa.

-Que yo sepa -le dije- no hay un libro que sea la “biblia” de la escritura creativa, pero si estás empezando y quieres técnica a un nivel inicial, yo te recomendaría “Writing Fiction for Dummies“.

Este volumen no lo conocía a fondo, pero otros títulos sobre materias que no controlo como WordPress o Mind Body Fitness son francamente recomendables; son libros muy útiles para materias que no dominas y a las que no quieres dedicar demasiado esfuerzo; como era el caso de este chico, según me pareció.

El tipo dio un respingo interno (era de ese tipo de persona; supongo que cuando uno carece de entusiasmo la energía no permite respingos externos) y me dijo que por principio no le gustaban esos libros.

Fair enough, pensé para mí. A eso se arriesgaba él al pedir un libro básico para principiantes a una desconocida y a eso te arriesgabas tú al sugerírselo. No pasa nada, me digo, el tipo no se ha ofendido demasiado (aparentemente), así que actúo un poco como si lo de los Dummies hubiera sido una broma y vuelvo a posar los ojos en la estantería.

 

-Entonces, veamos. Entre las cosas más importantes de la narrativa se encuentra construir tu propia voz -le digo mientras le alargo un libro-, así como el trabajo con el argumento y la construcción de personajes -le acerco otro.

 

A los autores concretos de estos dos libros no los conozco, pero he estado ojeando el índice y el enfoque es bueno. Las editoriales son solventes y los currículos de los autores los presentan como exitosos y conocidos en el ámbito norteamericano.

Al tipo se le ilumina la cara y se pone a ojearlos.

Yo vuelvo a lo mío y a los pocos minutos me dice que se ha decidido por el de construir la propia voz y que gracias. Le digo que de nada mientras pienso que en el fondo me está dando la razón: no es tanto que necesite técnica (ya la necesitará), sino que precisa lecturas de buenas novelas y sobre todo mucha escritura (el diario del que hablaba). En cierta forma me alegra su elección, porque si el libro es bueno le hará plantearse qué cosas le importan, por qué le importan y desde dónde las quiere contar. El resto vendrá después, si es que persiste en su afición y su empeño.
Salgo del Barnes&Noble de seis plantas de Union Square con una anécdota curiosa, un cierto estado de ánimo y unos cuantos libros, pero eso ya es otra historia.

 

Más sobre escritura creativa aquí   y aquí. En el siguiente enlace citas literarias

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