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Nov 16

Fueguitos en la playa

By admin | foto , libros , literatura , recomendado , viajes

Huella de fueguitos avistada en una playa del norte este verano…

 

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“Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta, contó. Dijo que habí­a contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

El mundo es eso -reveló-. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”.

[Fragmento titulado El mundo de “El libro de los abrazos” de Eduardo Galeano; pag 1. Siglo XXI Editores en coedición con Ediciones del Chanchito. 2009, Madrid/México D.F./Buenos Aires/Montevideo. Edición ilustrada por el propio autor].

portada novela La noche de Gulliver
Ago 17

La noche de Gulliver (fragmento)

By admin | escritura , libros , literatura , recomendado , viajes

Fragmento de mi novela “La noche de Gulliver” premio Castillo-Puche de novela corta, publicada en 2000.

portada novela La noche de Gulliver

 

Capítulo 2 – Reina Blanca

 

La Lisboa que encuentran al salir de la estación es niebla, una densa cortina blanca que lo invade todo. También es un olor mate, del que llega sólo el eco y no el aroma que lo ha creado, como el sonido sordo del oleaje en medio de la noche. Cuando se enfrenta al entorno, la mirada parece propia de ojos que aún no se hubieran despertado. Congelado por la bruma, el paisaje es un paisaje de ensueño, la panorámica de un mundo todavía por construir, o la imagen de un universo que empieza a desintegrarse. El observador no iniciado siente la tentación ingenua de frotarse los ojos, considerando los contornos borrosos una consecuencia de su forma de mirar y, no, como descubrirá más tarde, un efecto del propio espacio. Aquella mirada que, pese a las primeras dificultades, persiste en la observación del paisaje comienza a asumir la falta de profundidad y de este modo se adentra paulatinamente en las reglas de la nueva perspectiva. Repara en la presencia ubicua, liviana y uniformadora del tamiz blanco que engulle la tercera dimensión, de la gasa interminable que vela los colores y las texturas y que sólo de tanto en tanto le permite ver más allá de sí, lateralmente, cuando su avance es interrumpido por un semáforo o por la necesidad de tomar aliento. Entonces logra ver los edificios que dan al río, superficies despintadas entre islas de óxido y grafiti; viejos almacenes sobre los que informa más el punzante olor que la noción de las dimensiones y las formas, negada por un espacio empeñado en que el ojo no termine de ver. De vez en cuando, al volver la cabeza hacia el otro lado, en dirección a la ciudad, el recién llegado percibe los ocres, los mostazas, la gama completa de grises, sólo distinguibles en la medida en que se diferencian del blanco circundante. En el cruce siguiente, mientras alguien saca un mapa y él mismo deja la maleta sobre el suelo, el observador atisba fachadas planas de colores planos, cables, alguna torre, y justo entonces frota brevemente la mano brevemente libre, que encuentra dolorida y mojada. Aunque al aumentar la humedad, el caminante levante la vista para escrutar el cielo, asumirá que no puede pronosticar si va a llover, y acto seguido se preguntará qué importancia puede tener que llueva cuando uno se halla en plena nube, calado y ciego. En ese momento se siente atrapado de manera inevitable en una tela de araña, percibe como nunca el tacto de la urdimbre pegajosa que le sostiene y finalmente el observador toma conciencia de que contempla el paisaje a través de telarañas superpuestas.

A los ojos de Celia, la cortina blanca que les rodea se parece más a una membrana que a una red. El tejido orgánico de la araña se torna cada vez más tupido hasta conformar el cañamazo que ahora ellos atraviesan. Caminar por Lisboa le ha hecho sentirse como un insecto que repentinamente hubiera vencido la tensión superficial del agua sobre la que flotaba.

Para Ricardo, la panorámica anegada por la niebla es una imagen que conviene guardar en la memoria en previsión del cambio de las condiciones y también un factor decisivo para elegir película y filtro. Sin darse cuenta empieza a silbar.

 

 

(Reina Blanca, pp. 14-15; La noche de Gulliver; Elena Alemany).

 

Contraportada de la novela La noche de Guliver

Ago 16

Cómo escribir un libro de viaje

By admin | escritura , libros , recomendado , redes sociales , viajes

 

Vuelves entusiasmado de tu viaje a Japón o a Australia, con un montón de fotos y de notas y unas ganas enormes de compartir tus experiencias. Descargas los cientos de fotos, relees las notas de tu cuaderno o de tu portátil y te dispones a escribir. Y empiezan las dudas. ¿Cómo lo cuento? ¿en pasado, en presente? ¿en tercera persona o en primera? ¿Por dónde empiezo? ¿sigo el orden cronológico o me centro solo en lo más destacado? ¿empiezo por el final, la llegada a ese templo remoto y luego meto flashbacks? Y ¿qué hago con el tono: literario, ligero, periodístico, con humor?

Pocas cosas hay tan frustrantes como querer transmitir algo y no ser capaz de hacerlo. En el caso de la literatura de viaje además hay un mezcla de emoción, información, imágenes y voces que resulta difícil de combinar de manera convincente, verosímil y conmovedora. A caballo entre la crónica de hechos reales y la ficción literaria, los libros de viaje presentan dificultades específicas que no se conocen bien hasta que uno no trata de escribir uno.

Entre los errores más habituales se encuentra el querer contarlo todo, el dejarse la mitad de lo relevante en el tintero, en hablar demasiado o demasiado poco de uno mismo así como la falta de una estructura que dé soporte y cierta unidad al conjunto misceláneo de escenas, descripciones y diálogos de nuestras notas. Y también equivocarse con el tono: demasiado denso o demasiado ligero o sólo enfocado a lectores que son exactamente como tú…

 

Contar las huellas

Contar las huellas. Claves para contar tu viaje Ronaldo Menéndez (Alba, Barcelona; 2014)

Contar las huellas tiene el objetivo precisamente de ayudarnos a decidir qué contar, cómo contarlo, con qué personajes, con qué tratamiento del tiempo y dentro del marco de qué género literario. En apenas 126 páginas Menéndez da cuenta de los puntos esenciales de la escritura de libros de viaje de forma clara, amena y con entusiasmo, algo parecido a lo que ya había hecho en Cinco golpes de genio. Técnicas fundamentales en el arte de escribir cuentos (2013).

El libro recorre los elementos de todo texto de viajes desde una perspectiva triple, a nivel técnico, en lo que se refiere al contenido-visión y a un nivel que podríamos llamar filosófico. Estas tres perspectivas están interrelacionadas. El objetivo es que nuestro texto resulte verosímil, ameno y relevante.

El libro tiene cinco apartados principales, además de la introducción y una entrevista final (como ya hiciera en Cinco golpes…). Estos capítulos se ocupan respectivamente del trabajo con el tiempo, la construcción de personajes, la maquinaria descriptiva, la estructura, unidad y relación del relato de viajes con otros géneros narrativos y finalmente de los blogs y Facebook.

En la introducción Menéndez advierte sobre el riesgo de caer en cuatro categoríasdisfuncionales’ de viajescritores o narradores de libros de viajes.

  • Filosófico: lanza a sus lectores peroratas infumables para dárselas de profundo. Esto es un error que hay que evitar ya que: “Nuestro texto de viaje es una peripecia, una aventura –incluso interior- que debe ‘moverse’”.
  • Espiritual: un tipo de viajero-narrador con tendencia a poner los ojos en blanco en cuanto el lugar tiene un cierto halo espiritual. Persona acrítica incapaz de ver más allá del enfoque New Age, por ejemplo.
  • Informativo: estos viajescritores permiten que los datos útiles lastren la eficacia literaria del texto.
  • Anodino: no cuenta lo relevante y abruma con un exceso de información. No sabe seleccionar.

Para luchar contra estos narradores defectuosos Menéndez propone usar un aparato imaginario llamado “clichetómetro” destinado a medir si alguno de estos defectos supone el 40% de nuestro texto. Si es así, habrá que revisar todo el manuscrito. Si no se llega hasta el 40% en ninguna de las categorías pero hay una dosis importante de estos errores, hay que revisar que las partes filosófica, espiritual, informativa o anodina sean agradables de leer y de verdadero interés para el lector.

Además de estos errores, el libro de Ronaldo Menéndez señala la importancia del talento: “el problema de muchos viajescritores y periodistas es que no tienen talento” (pag 11).

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Capítulo 1 –tiempo

El trabajo con el tiempo tiene una influencia determinante en la atención del lector. Una buena gestión del tiempo hace que la lectura fluya, mientras que una incorrecta lleva a que el lector se aburra y pueda cerrar el libro o el blog. El tono y el ritmo del relato de viajes también dependen del tiempo.

Para la construcción del tiempo hay que tener en cuenta cuatro elementos: la relación TN-TR, la fragmentación temporal, las técnicas y las perspectivas temporales.

La ilusión de temporalidad en narrativa se logra a partir de la correspondencia entre el tiempo real (TR) y el narrativo (TN, espacio narrativo que dedicamos a recrear el tiempo real). Si el TR es mayor que el TN hay una comprensión del tiempo. Si ocurre lo contrario -si el TN es mayor que el TR- hay una dilatación del tiempo real, lo que produce un efecto de énfasis sobre ciertos elementos y ralentiza el flujo de la narración (lo que implica el riesgo de perder el interés del lector si la detención no está justificada).

Otra opción es el tratamiento fragmentario del tiempo, por ejemplo, empezar por un momento significativo y luego hacer un flashback.

Hay cinco técnicas para el tratamiento del tiempo: la escena, el resumen, la elipsis, la deceleración y la digresión. Cada una de ellas tiene un efecto distinto sobre el tempo narrativo y permite ocuparse de elementos concretos del libro de viajes. Así la escena produce viveza, el resumen genera ligereza, la elipsis permite yuxtaponer escenas y crear sorpresa, la deceleración produce énfasis y tensión y la digresión permite insertar detalles históricos o de otro tipo.

Existen también distintas perspectivas temporales: pasado inmediato (flexible y cercano), pasado remoto (más reflexivo, menos vivo), y el presente (muy vivo pero no permite digresiones).

 

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Capítulo 2 – personajes

El segundo gran bloque del libro se dedica a los personajes. El autor aconseja buscar el equilibrio entre el viajero-narrador protagonista del libro y el resto de personajes y señala que es importante dejar que los personajes secundarios se vean bien (estén bien descritos) y se oigan bien cuando se hable de ellos. El diálogo debe reflejar el tono, el vocabulario y la personalidad del personaje.

Hay que evitar el egocentrismo y la omnipresencia del yo y ser humildes (el lector empatiza más con el viajescritor que fracasa pero es optimista que con el triunfador constante; el que triunfa sin saberlo también genera empatía). Hay que tener en cuenta que la descripción de los demás personajes se filtra a través del viajero-narrador (al decir “él era muy bajo”, la calificación es subjetiva y habla también del narrador). Recurrir al narrador testigo si hay un personaje que merezca tener protagonismo y relegarse a uno mismo a un segundo plano (Watson es el narrador testigo de las hazañas de Holmes, por ejemplo).

Para construir al personaje existen tres herramientas: lo que hace (acciones), lo que dice (diálogos) y lo que se dice del personaje (descripción y caracterización). Lo esencial es que nuestros personajes sean verosímiles y memorables para el lector. En los diálogos debe haber voces singulares y concretas.

 

Capítulo 3 – descripción

El tercer capítulo se dedica a la descripción, elemento muy importante en todo libro de viajes.

“El reto de una buena descripción es conseguir que el lector sienta, lo más íntima y sensorialmente posible, la realidad representada (…imágenes limpias, precisas; lenguaje ‘sincero’)” (pg 86).

En otras palabras, como decía Nabokov, hay que “acariciar los detalles”. Pero previamente habrá que decir qué detalles se incluyen y en qué orden, ya que lo esencial en toda descripción es la selección y la singularización de los rasgos (pg 82). “Si describes enumerando, procura que tu enumeración nos haga ver cosas concretas y singulares, un entreverado donde alternes los típicos elementos de un mercado, con aquello que convierte ese mercado en único” (pg 87). Además, puesto que las descripciones detienen el tempo narrativo es importante medir bien su duración y evaluar su oportunidad.

 

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Capítulo 4 – estructura y género

El cuarto capítulo se dedica a la estructura, la unidad y a la relación del relato con otros géneros. Uno de los errores más habituales del viajescritor es el amontonar circunstancias y anécdotas que no conducen a nada. Para lograr un todo fluido y con sentido es necesario seleccionar bien el material y estructurarlo. Hay que decidir qué aspectos de mi viaje real voy a incluir y qué elementos se convertirán en las pautas de mi narración. En otras palabras, hay que elegir qué género voy a usar como marco para el libro de viajes. Esta elección es importante porque determina tanto la actitud y las expectativas del lector como la forma de trabajar del escritor.

Hay cuatro posibles géneros para los libros de viaje: relato, novela, ensayo y crónica. Cada género tiene unas características: relato (brevedad, tensión narrativa), novela (amplia y flexible), ensayo (opinión expuesta de forma amena y clara) y la crónica (equilibrio entre la trama y los datos, que deben ser rigurosos). Hay que elegir el género que mejor se adapte a lo que queramos contar.

Cuando el nexo conductor más que una cronología o un concepto son un tono o un enfoque (humorístico, por ejemplo) estamos apostando por la simpatía del lector pero al mismo tiempo nos arriesgamos a conseguir la antipatía de este.

En general es bueno buscar el equilibrio entre la anécdota y la información, utilizar los vasos comunicantes entre el tiempo narrativo y los contenidos de las digresiones, por ejemplo.

 

Capítulo 5 – Blogs y Facebook

Con frecuencia el libro de viajes adopta la forma de entradas de blog o de Facebook, por lo que Menéndez facilita algunos consejos en este sentido. Sus consejos para blogs de viajes son: cuidar la ortografía y la redacción, dejar posar el texto un par de días y revisar antes de publicar, decidir si nuestro enfoque será tipo crónica, tipo novela o cuento, seleccionar lo que puede ser relevante para el lector (y no únicamente lo que a ti te conmovió o interesó), ser tú mismo, evitar la corrección política y los tópicos y familiarizarse con los microrrelatos porque su economía expresiva y su trabajo con la tensión pueden ayudar a escribir buenos textos para Internet.

 

Conclusión

Como has podido ver, a la hora de escribir un libro de viaje lo esencial es la selección del material, el trabajo con el tiempo, el narrador y los personajes, así como la gestión de la atención del lector. Hay que esforzarse por mantener la verosimilitud, conseguir un texto fluido, atractivo e interesante.

Pues nada, a viajar y a contarlo. Bon voyage!

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Contar las huellas. Claves para contar tu viaje Ronaldo Menéndez. 126 pags. Alba Barcelona 2014. Blog de Ronaldo Menéndez

 

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Nov 18

Escritores

By admin | escritura , formación , libros , literatura , recomendado , viajes

-¿Eres escritora?

La voz venía de alguien que estaba a un metro de mí y de cuya presencia no me había percatado, inmersa como estaba en analizar rápidamente varios libros de escritura creativa en inglés antes de decidir cuál o cuáles me llevaba.

Giré la cabeza y vi a un hombre de unos treinta y muchos mal llevados, o cuarenta y pocos llevados normalmente, con gafitas, complexión delgada y mirada fija, fija en mí, la escritora, o mejor dicho, “the writer”, porque estábamos en Nueva York, y “writer” tiene un sentido más amplio en inglés, que incluye por ejemplo a cierto tipo de periodistas. Así que se me preguntaba así, sin anestesia, preámbulo, diván ni micrófono si soy escritora; la pregunta del millón.

Podía haber reaccionado como en el cine clásico inglés con un “disculpe, creo que no hemos sido presentados” o haber soltado el speech filosófico que utilizo a veces y que explica que la gente se define por lo que hace y no por el sustantivo que decide aplicarse, y que entonces, lo relevante es que si escribo y no tanto si soy escritora o no.

Pero el sentido común estuvo esta vez de mi parte (o simplemente quería volver pronto a mi mano a mano con los libros) y me limité a contestar que sí, que era escritora.

Nada grave ni nada espectacular ocurrió al hacer semejante pronunciamiento, ni en el entorno ni en mí misma. Ni me creció la nariz ni sonaron campanas celestiales.

Por su parte, el tipo se limitó a sonreir nerviosamente y me preguntó que qué libro le recomendaba para aprender a escribir.

Acabáramos, pensé, así que era eso. No es que mi talante literario me envuelva como el aroma denso de un perfume, reconocible para los olfatos atentos, incluso en Nueva York, tan lejos de mi contexto natural. Era sólo que en lugar de preguntar a un empleado de la librería se ha acercado a mí porque me ha visto en esta sección.

Debería haber dicho eso tan socorrido de “buena pregunta” para ir ganando tiempo mientras, y respirar hondo y evitar que la responsabilidad me abrumase, dios mío cuántos libros gritando calladamente “cómprame”, “léeme”, “llévame a casa” (como en aquel anuncio de Rodolfo Langostino… cuánta digresión, volvamos al tema), cuánto esfuerzo de los autores para profundizar en algo complejo y transmitirlo lo más claramente posible, cuánta variedad de enfoques, además. Y cuánto libro que es un timo, por otra parte, pero estos se detectan a la legua.

En lugar de recurrir al “buena pregunta”, me limité a escanear con nuevos ojos la estantería que llevaba analizando un rato, centrándome esta vez en lo conocido (hasta entonces me había focalizado en lo desconocido) y después en lo conocido recomendable.

 

-Te recomiendo este -le dije, mientras le alargaba “Bird by bird” de Anne Lamott-, te transmite todo el entusiasmo que necesitas para ponerte en marcha.

 

Pese a su aspecto apagado, el tipo no parecía ser consciente de necesitar entusiasmo alguno, porque me dijo: Yo más bien necesito técnica, estoy empezando, no sé nada de escritura. ¿No hay un libro clásico de escritura creativa? ¿Un libro que todo el mundo lea?

Sus palabras me hicieron intuir vagamente su confusión mental y lo muy desencaminado que iba en su búsqueda, pero decidí ir a lo práctico y dejar a un lado mi vocación de profesora de trinchera, según la cual debía decirle al interfecto que dedicara un año a leer a los clásicos y un año a llevar un diario y a partir de ahí se plantease comprar libros de escritura creativa.

-Que yo sepa -le dije- no hay un libro que sea la “biblia” de la escritura creativa, pero si estás empezando y quieres técnica a un nivel inicial, yo te recomendaría “Writing Fiction for Dummies“.

Este volumen no lo conocía a fondo, pero otros títulos sobre materias que no controlo como WordPress o Mind Body Fitness son francamente recomendables; son libros muy útiles para materias que no dominas y a las que no quieres dedicar demasiado esfuerzo; como era el caso de este chico, según me pareció.

El tipo dio un respingo interno (era de ese tipo de persona; supongo que cuando uno carece de entusiasmo la energía no permite respingos externos) y me dijo que por principio no le gustaban esos libros.

Fair enough, pensé para mí. A eso se arriesgaba él al pedir un libro básico para principiantes a una desconocida y a eso te arriesgabas tú al sugerírselo. No pasa nada, me digo, el tipo no se ha ofendido demasiado (aparentemente), así que actúo un poco como si lo de los Dummies hubiera sido una broma y vuelvo a posar los ojos en la estantería.

 

-Entonces, veamos. Entre las cosas más importantes de la narrativa se encuentra construir tu propia voz -le digo mientras le alargo un libro-, así como el trabajo con el argumento y la construcción de personajes -le acerco otro.

 

A los autores concretos de estos dos libros no los conozco, pero he estado ojeando el índice y el enfoque es bueno. Las editoriales son solventes y los currículos de los autores los presentan como exitosos y conocidos en el ámbito norteamericano.

Al tipo se le ilumina la cara y se pone a ojearlos.

Yo vuelvo a lo mío y a los pocos minutos me dice que se ha decidido por el de construir la propia voz y que gracias. Le digo que de nada mientras pienso que en el fondo me está dando la razón: no es tanto que necesite técnica (ya la necesitará), sino que precisa lecturas de buenas novelas y sobre todo mucha escritura (el diario del que hablaba). En cierta forma me alegra su elección, porque si el libro es bueno le hará plantearse qué cosas le importan, por qué le importan y desde dónde las quiere contar. El resto vendrá después, si es que persiste en su afición y su empeño.
Salgo del Barnes&Noble de seis plantas de Union Square con una anécdota curiosa, un cierto estado de ánimo y unos cuantos libros, pero eso ya es otra historia.

 

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