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Abr 05

El poder del francés en la publicidad (McDonald’s)

By admin | comunicación , diseño , foto , francés , lenguaje , publicidad , recomendado , tipografía

Es posible que muchos de vosotros os hayáis topado con este cartel de McDonald’s en las calles de vuestra ciudad últimamente.

 

Le plaisir de MacDonalds

El cartel nos informa de tres cosas: hay un nuevo producto en la carta de McDonald’s, el producto tiene nombre francés y la tipografía es distinta. Y bueno, digamos que el placer en sí tiene una pinta de lo más tentadora y nada compatible con la “operación bikini”.

La multinacional de los hermanos McDonald’s suele alternar el inglés de la casa madre (y un idioma que uno suele asociar a las hamburguesas) con el español en sus menús y material promocional en España. Así que este salto lingüístico repentino hacia lo francés podría sorprender a primera vista.

Sin embargo, si se piensa detenidamente no es sorprendente: lo que está haciendo McDonald’s es recurrir al punto glamuroso y refinado que (aún) tiene lo francés tanto en la cultura norteamericana como en la española para dejar sin argumentos a los consumidores que piensan “McDonald’s no tiene postres” (aunque en realidad tienen todos estos) o “La comida de McDonalds no tiene nada de especial”. Este propósito generalista de abrir la oferta para sectores que antes no se cubrían ya se inició con los espacios McCafé, ofreciendo lo necesario para una buena merienda con café de cafetería y bollos e incluso productos tipo Starbucks (frappé y smoothie) o con la oferta de desayunos.

En el caso del cartel de “Le plaisir”, el peso de lo francés como añadido de prestigio o como valor diferencial respecto a otras cadenas de comida rápida se refuerza con el uso en las letras minúsculas de una tipografía caligráfica manuscrita clásica, elegante y estilizada como corresponde a una delicatessen de la vieja Francia y de unas mayúsculas en blanco de diseño parecido.

Como se muestra en la captura de los productos de la cadena tomada de la web, la compañía ha usado tipografías especiales para varios productos:

 

Las nuevas líneas de producto tienen tipografía manuscrita

Las nuevas líneas de producto tienen tipografía manuscrita

Nótese la diferencia de matiz entre la tipografía manuscrita de “Los Irresistibles” (más tradicional) y la de Le Plasir (clásica pero con un punto de sotisficación debido a que es más estilizada y al uso de los ángulos). Nótese también cómo la disposición de los “Desayunos” reproduce una sonrisa con el texto “Despierta tu sonrisa” y el hecho de que la parte correspondiente a Smoothies y Frappés aparece en inglés y con un tipo de letra más moderno.

El espacio McCafé también presenta tipografía manuscrita:

En España el logo es ligeramente distinto a los de EEUU porque tiene sombra y es negro

En España el logo es ligeramente distinto a los de EEUU porque tiene sombra y es negro

A título de curiosidad me gustaría preguntarte si eres de los que al leer el anuncio de Le plasir de McDonald’s termina pronunciando McDonald’s a la francesa (es decir como palabra aguda y “comiéndose” las consonantes finales).

Más sobre la publicidad de esta compañía de hamburguesas en este enlace 35 creatividades de McDonald’s, en el que se recogen las agencias y autores de las campañas.

Mar 21

Alice’s Adventures in Wonderland

By admin | cuentos , diseño , escritura , Idiomas , inglés , libros , literatura , recomendado , traducción

Prosigo mi transcripción a pluma de fragmentos literarios, esta vez con el comienzo de “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carroll en inglés, publicada por primera vez en 1865. Incluyo también mi traducción al español.

Alica según la ilustración de John Tenniel

Alicia según la ilustración de John Tenniel

(Haz clic en las imágenes para ampliar)

Alice In Wonderland

Alice's Adventures in Wonderland 2 Alicia_3

 

“and what is the use of a book,” thought Alice, “without pictures or conversations?”

¿Y para qué sirve un libro -pensó Alicia- que no tiene dibujos ni conversaciones?

 

Aquí va mi traducción del comienzo de Alicia en el País de las Maravillas.

Capítulo I

En la madriguera del conejo

Alicia estaba empezando a cansarse de estar sentada junto a su hermana en la orilla sin hacer nada. Una o dos veces había echado un vistazo al libro que estaba leyendo su hermana, pero no tenía dibujos ni conversaciones “y ¿para qué sirve un libro”, pensó Alicia, “sin dibujos ni conversaciones?”.

Así que estaba sopesando para sí misma (tan bien como podía, ya que el día cálido le hacía sentirse muy adormilada y estúpida), si el placer de hacer un collar de margaritas compensaría el esfuerzo de levantarse y coger las margaritas, cuando de repente un Conejo Blanco con ojos de color rosa pasó corriendo cerca de ella.

No había nada realmente extraordinario en ello; ni tampoco Alicia le dio ninguna importancia al hecho de que oir al Conejo decir para sí mismo “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Llegaré tarde!” (cuando lo volvió a pensar más tarde se le ocurrió que hubiera debido preguntarse sobre ello, aunque en su momento todo parecía bastante natural); pero cuando el conejo fue más allá y sacó un reloj del bolsillo de su chaleco, lo miró y se echó a correr, Alicia se puso en pie de un salto porque de repente le atravesó como un relámpago la idea de que nunca había visto a un conejo con un chaleco con bolsillos o un reloj que se pudiera sacar de este chaleco y muerta de curiosidad echó a correr por la pradera justo a tiempo de ver cómo el conejo desaparecía dentro de un gran agujero al pie de un seto.

En un instante Alicia bajó por el agujero tras el conejo, sin preguntarse ni por un momento cómo iba a salir de allí después.

Al principio la madriguera avanzaba en línea recta como un túnel y después se hundía de manera tan repentina que Alicia no tuvo ni un segundo para pensar en detenerse antes de verse a sí misma bajando por lo que parecía un pozo muy profundo. (…)

 

Ene 15

Política de galletas

By admin | comunicación , digital , diseño , humor , Idiomas , recomendado , redes sociales , traducción

Navegando por Internet desde mi móvil hace unos días me encontré con una advertencia que me sorprendió. Era una nota sobre algo llamado “política de galletas” que ocupaba el tercio inferior de la pantalla de mi móvil y que contenía un enlace. Por más que tratara de zafarme de la nota haciendo zoom o desplazándome por la pantalla, las famosas galletas me perseguían.

Mientras jugaba al gato y al ratón con aquella nota me dio por imaginar que aquel enlace podría llevar a una ventana con frases del tipo: “Nuestra política de galletas consiste en que tú pones la cara y nosotros te damos la galleta”. O bien, “Política de galletas: nos gustan todas, con chocolate o sin, pero mejor con leche para mojar…”. O, incluso, “Política de galletas: Nuestras galletas son inclusivas, no contienen gluten y son aptas para celíacos y para diabéticos…”.

 

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Captura de la advertencia al consultar la web en un equipo de sobremesa

Evidentemente, a lo que se refería la nota era a las famosas cookies (archivos de texto que se descargan en el equipo del usuario y se almacenan en la memoria de su navegador) y es una advertencia habitual desde que se hizo obligatorio hacer pública la política de cookies de los sitios web. Pero lo interesante del caso es plantearse que no siempre es bueno traducir. En el caso de algunos términos el uso de la voz inglesa está tan extendido que la traducción al castellano resulta chocante o tarda en comprenderse.

Estoy deseando que llegue la hora del té para aplicar mi propia política de té con galletas…

Oct 07

La imagen como yogur

By admin | 2.0 , comunicación , digital , diseño , recomendado , sociedad

Ya no “hacen” imágenes como las de antes. Las de ahora recuerdan bastante a un yogur, por aquello de la fecha de caducidad.
Esta mañana he visto una escena que en otro tiempo me hubiera apresurado a fotografiar: a la puerta del gimnasio de buena mañana un tropel de elípticas en fila junto a tres monitores. Un ejército de bicis que no avanzan en la puerta o las caballerizas de un establecimiento del siglo XXI en pleno Madrid, he pensado, anticipando un título o un titular.
No he sacado la foto por un asomo de pereza y por la sensación de que con Twitter e Instagram esta foto apenas significa nada.

Por la tarde, de vuelta a casa, he visto a un mendigo pertrechado con sus cajas de cartón sobre un banco. Una escena muy parecida a aquella con la gané mi primer (y hasta ahora único) premio de fotografía con 16 años. Una foto en blanco y negro que yo misma revelé y que había tomado con una cámara no réflex que no era mía y cuyo funcionamiento no terminaba de entender. Supongo que en realidad no había tantas diferencias entre un mendigo y otro, pero entre los diecisiete años que tenía entonces y la edad que tengo ahora, me retina ha sido bombardeada con millares de imágenes en películas, televisión, revistas, e internet. El mendigo ha perdido presencia a fuerza de tener que competir con millares de imágenes parecidas.
Ahora por supuesto no sé cómo toma las fotos mi smartphone, aunque entiendo bastante más de encuadre, profundidad de campo y composición… Pero mi retina está tan llena de imágenes, relevantes o no, que me falta convicción para retratar en serio escenas como aquella, o para sentir que vale para algo hacerlo. Cada vez es más difícil encontrar algo “único”.

El voraz y constante consumo de imágenes nos ha llevado a una obsolescencia no programada. La mayor parte de lo fotografiable o “pintable” se halla condenado al estante de las devoluciones por caducidad. Y para salir de la zona de “caducados” parece que sólo hay dos vías: que los creadores se esfuercen en ofrecer imágenes mucho más estimulantes, o que los espectadores hagan una pequeña “dieta” visual que renueve sus papilas gustativas saturadas y limpie sus estómagos demasiado trabajados.

Dic 08

Educar la mirada en el mundo 2.0

By admin | 2.0 , comunicación , digital , diseño , formación , foto , psicología , recomendado , sociedad

-“Las Meninas” ya me las sé.
La frase la ha pronunciado un chico de unos veinte años en medio de la clase de Historia del Arte de una facultad de Bellas Artes. La declaración impacta en el pecho del profesor de casi cuarenta años como si fuera una bomba. Respira hondo y trata de encontrar ánimo para la ingente tarea que tiene por delante. No es sólo que falle la comprensión de los matices que diferencian saber, conocer y haber visto, reflexiona. Es un problema de actitud y de mirada. La mirada de quienes miran sin ver.

Lo siguiente es un ejercicio de pintura. El profesor ha proyectado una fotografía en la que aparece Eugène Atget a 1,50m x 1,50m aproximadamente para que los alumnos la dibujen. La imagen es la siguiente.

 

Retrato de Eugène Atget

Retrato en el que aparece el fotógrafo francés Eugène Atget

 

Algunos alumnos terminan su retrato muy pronto, cosa que sorprende al profesor.

-¿Habéis dibujado las gafas?, pregunta.

-¿Qué gafas?, le contestan.

Al escuchar la frase el profesor siente como si le hubiesen dado un mazazo en la cabeza con un signo de interrogación gigante. ¿Tan jóvenes y ya con problemas de vista?, se dice, incrédulo.

Como se puede ver en la parte inferior de la foto, a la izquierda, bajo la mano derecha del retratado se entreven unas gafas. Cierto que no se ven bien, pero el brillo es evidente y la postura de la mano no tendría sentido si no estuviera sosteniendo algo pequeño y ligero como unas gafas. Por no mencionar que a la hora de pintar cualquier cosa uno espera del retratista la máxima atención a los detalles…
El profesor está sorprendido e irritado. No cesa de preguntarse cómo es posible que un aspirante a pintor puede ignorar que un fotógrafo anciano evidentemente necesita gafas. Es una cuestión de cultura o de conocimiento del medio que uno no puede pasar por alto -se dice-, información de contexto imprescindible para todo artista que esté en el mundo.

Por otra parte, el profesor es consciente de que la parte inferior izquierda es una zona casi “ciega”, poco “caliente”, un área olvidada con frecuencia en el primer vistazo “casual” de todo espectador. El no percibir las gafas sería algo comprensible y normal para alguien que estuviera viendo fotos rápidamente en una pantalla de ordenador, por ejemplo, en un blog con varias imágenes de fotógrafos parisinos del siglo XX. Pero no sería comprensible ni normal en alguien especializado en artes plásticas a quien se le ha pedido que pinte lo que ve.
Que alguien que aspira a ser un buen observador y a ganarse la vida expresando mediante recursos plásticos y visuales no tenga la capacidad de detectar unas gafas en un retrato de un metro y medio de largo por un metro de alto le parece un problema grave.

Mientras apaga el proyector  y enciende la luz se dice que es asombrosa la cantidad de jóvenes pintores que necesitan aprender a mirar a sus veinte años.

[Este post relata una situación real ocurrida en 2012]
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