Category Archives for "digital"

Oct 07

La imagen como yogur

By admin | 2.0 , comunicación , digital , diseño , recomendado , sociedad

Ya no “hacen” imágenes como las de antes. Las de ahora recuerdan bastante a un yogur, por aquello de la fecha de caducidad.
Esta mañana he visto una escena que en otro tiempo me hubiera apresurado a fotografiar: a la puerta del gimnasio de buena mañana un tropel de elípticas en fila junto a tres monitores. Un ejército de bicis que no avanzan en la puerta o las caballerizas de un establecimiento del siglo XXI en pleno Madrid, he pensado, anticipando un título o un titular.
No he sacado la foto por un asomo de pereza y por la sensación de que con Twitter e Instagram esta foto apenas significa nada.

Por la tarde, de vuelta a casa, he visto a un mendigo pertrechado con sus cajas de cartón sobre un banco. Una escena muy parecida a aquella con la gané mi primer (y hasta ahora único) premio de fotografía con 16 años. Una foto en blanco y negro que yo misma revelé y que había tomado con una cámara no réflex que no era mía y cuyo funcionamiento no terminaba de entender. Supongo que en realidad no había tantas diferencias entre un mendigo y otro, pero entre los diecisiete años que tenía entonces y la edad que tengo ahora, me retina ha sido bombardeada con millares de imágenes en películas, televisión, revistas, e internet. El mendigo ha perdido presencia a fuerza de tener que competir con millares de imágenes parecidas.
Ahora por supuesto no sé cómo toma las fotos mi smartphone, aunque entiendo bastante más de encuadre, profundidad de campo y composición… Pero mi retina está tan llena de imágenes, relevantes o no, que me falta convicción para retratar en serio escenas como aquella, o para sentir que vale para algo hacerlo. Cada vez es más difícil encontrar algo “único”.

El voraz y constante consumo de imágenes nos ha llevado a una obsolescencia no programada. La mayor parte de lo fotografiable o “pintable” se halla condenado al estante de las devoluciones por caducidad. Y para salir de la zona de “caducados” parece que sólo hay dos vías: que los creadores se esfuercen en ofrecer imágenes mucho más estimulantes, o que los espectadores hagan una pequeña “dieta” visual que renueve sus papilas gustativas saturadas y limpie sus estómagos demasiado trabajados.

Blog de chino, inglés y español off line
Sep 28

Blog de idiomas off line

By admin | digital , formación , foto , Idiomas , recomendado , sociedad

En el mundo del marketing es habitual hacer distinción entre las acciones que se realizan on line (a través de redes sociales y sitios web, recomendaciones, likes, comentarios) de las que se realizan off line (folletos, carteles, concursos en medios de comunicación, boca a boca presencial). En el mundo de la enseñanza, un curso de elearning o un blog formativo sería la opción on line mientras que un curso presencial sería la versión off line.

Pues bien, el otro día me topé con una ingeniosa acción formativa de idiomas desarrollada por un tipo de empresa del que no cabría esperar algo así (al menos, yo nunca lo había visto).

He aquí la evidencia gráfica:

Blog de chino, inglés y español off line

El cartel, o mejor dicho, la pizarra “no digital” estaba puesta en la fachada de un bazar chino, a una altura de fácil lectura.

Compruébese cómo el “blogger” ha diseñado un título con “tirón”, ha destacado la fecha y ha puesto su contenido del día en caracteres chinos, recogido su pronunciación y traducido al español e inglés.  Todo esto jugando con distintos colores para mayor eficacia pedagógica. Eso sí, le ha faltado el acento a “inglés” y una coma después de “cada día” para marcar la elisión del verbo (“debemos”, por ejemplo; o “vamos a”).

Qué curiosa y real esta aplicación del Kaizen japonés y del nunca te acostarás sin saber una cosa más… O de lo que se conoce en España como la formación continuada.

Así que nada, cuando necesite algo del chino aprovecharé para añadir una nueva palabra a mi vocabulario de chino…

Sep 21

Cómo reconocer a un bloguero

By admin | 2.0 , comunicación , digital , humor , recomendado , redes sociales

El bloguero o la bloguera van a todas partes con un cuaderno real o imaginario y va tomando notas de las cosas más tontas. También suelen llevar una cámara, o un teléfono con cámara. Intentan estar al dí­a de lo que se publica en la prensa y en otros blogs y sites. El resto de la humanidad cena y ve la tele, él/ella no, él/ella cena, ve la tele y piensa qué parte de lo que está viendo dará para un post con miga o al menos divertido.

La gente tiene amigos y vecinos, el blogger tiene personajes o lectores. El blogger está muy interesado en ver cómo otros bloggers enfocan las cosas de las que él habla.

El blogger habitualmente es alguien pelí­n compulsivo en general y con la comunicación y las tecnologí­as en particular (incluso aunque su dominio de la informática sea muy limitado, se apañará para aprender lo que necesita). Es de los que saca fotos compulsivamente, o escribe emails igual o se tira horas al teléfono o es adicto a los SMS. Cuando se le ocurre algo no puede esperar, lo tiene que escribir, lo tiene que contar, lo tiene que plasmar en una foto. No cree mucho en el mañana, sino en el ahora mismo. Es impaciente y curioso por naturaleza. Tiene sus propias ideas sobre qué es un buen tí­tulo, qué es un texto divertido y qué es tener algo que contar, ideas que con frecuencia sólo comparte el cuello de su camisa. El blogger habitualmente ha estado enganchado a un blog como lector y tiene su vena de voyeur y su vena exhibicionista.

 

El blogger va a todas partes con su cuaderno real o virtual

El blogger va a todas partes con su cuaderno real o virtual

Por más que sus intereses puedan ser misceláneos, el autor de una bitácora suele tener un estilo definido que le produce una cierta comodidad pero a la vez le encierra, le encorseta. Dice que no le importan las visitas, pero como tenga acceso a un contador lo mira con frecuencia y por supuesto saca sus conclusiones sobre qué cosas son más leí­das y cuáles menos. Aborrece el spam con toda su alma, por dos motivos, porque le invade su bandeja de entrada y porque le usurpa el sitio a un comentario de verdad, que es lo que él busca (“comentarios, mi tesoro”). En el resto de facetas de su vida puede ser más o menos perfeccionista, pero en lo que se refiere al blog ha aparcado este alto estándar de exigencia para sobrevivir: un artí­culo diario difí­cilmente va a ser estupendo.

Aunque no quiera, tiende a imaginarse cómo son sus lectores basándose en comentarios esporádicos y aunque no quiera, estos lectores de perfil imaginario y los amigos que sabe que le leen influyen en lo que escribe y en cómo lo escribe, en una reinterpretación muy peculiar del lector implí­cito.

El blogger puede haber sido alguien que siempre ha querido ser escritor o periodista, o que incluso lo ha sido. El blogger no sabe cómo ha podido vivir sin ADSL, wireless y tarifa plana tanto tiempo. Es la reencarnación del tipo del chiste de Claudia Schiffer: el tipo que cuando la modelo se le ofrece corre a contárselo a sus amigos en lugar de “rematar”. El blogger hace lo mismo: si le pasa algo muy bueno o muy malo, en lugar de disfrutarlo o buscar la manera de salir de ello se entretiene en imaginar cómo lo va a contar al dí­a siguiente.

El tiempo transcurre de una forma muy peculiar para el blogger. No es sólo que tenga que postear compulsivamente, sino que la mañana en el trabajo se le hace eterna hasta que tiene un hueco para mirar si ha recibido algún comentario.

El blogger es un tertuliano nato, un hombre del Renacimiento o al menos se lo cree: le interesa la actualidad, la fotografí­a, el diseño, los viajes…. Moja en todas las salsas en su blog y en los ajenos. Y es curioso porque con frecuencia odia a los tertulianos de la tele que hablan sin saber de lo que hablan. Pero es que él sí sabe de lo que habla (¡su trabajo le cuesta estar al dí­a!).

 

Ago 20

Reescriba los clásicos con la autoedición de Amazon

By admin | cuentos , digital , escritura , humor , Idiomas , libros , literatura , recomendado , redes sociales , traducción

Buscando en internet tropecé hace poco con una curiosa versión del relato “El incidente del puente del búho” de Ambrose Bierce (“An Occurrence At Owl Creek Bridge”) que puede indignar a las legiones de admiradores de este autor que pueblan el mundo y llenar de asombro a muchos estudiosos.

 

portada "El incidente del puente del Búho" en versión digital

Pero vayamos por partes. Ambrose Bierce es un autor norteamericano del siglo XIX al que se considera un maestro del cuento fantástico y de terror. Concretamente el cuento del que hablamos, “El incidente del puente del búho”, se suele analizar en los talleres de narrativa como ejemplo de su peculiar uso del tiempo, ya que en un momento esencial del cuento el tiempo real se suspende y es sustituido por un tiempo mental que sugiere un desenlace muy distinto.

El cuento relata la historia de un colono del sur en la guerra de Secesión norteamericana que va a ser ahorcado por el ejército del Norte en el puente que da nombre al relato. En el último párrafo del cuento se recupera el tiempo real y descubrimos que en realidad el reo ha muerto colgado y que la huida a través del río que se nos ha relatado tan vívidamente sólo ha sido un delirio del ajusticiado.

Y es precisamente este uso tan eficaz (y efectista) de los planos temporales lo que ha convertido “El incidente…” en un cuento de culto para los aficionados al relato corto, de manera semejante a “El corazón delator” de Edgar Allan Poe. Como se recordará, en el caso del relato de Poe, el sonido del corazón delator es una metáfora, no hay verdadero corazón de la víctima latiendo post mortem sino que es el propio miedo del asesino el que se proyecta en forma de latido delator. Pues bien, imaginad lo que sería encontrar una versión del cuento de Poe en que anunciase que en este cuento el corazón de un muerto “resucitado” delata a su asesino ante las autoridades. O leer en una sinopsis de Romeo y Julieta que Julieta no se suicida, sino que realmente estaba dormida…

Algo parecido me pasó a mí al leer en la sinopsis de la versión autopublicada que en el relato más famoso de Ambrose Bierce ¡el reo escapa de la horca! Tuve que leer dos veces el resumen para asegurarme de que había entendido bien. (Enlace a la sinopsis aquí).

Sinopsis de "El incidente del Puente del Búho"

El subrayado señala la parte más “rompedora” de esta sinopsis del clásico relato de Bierce

 

Pero no había duda, en esta versión del relato de Bierce, aparentemente fruto de una traducción reciente al español, resultaba que el reo escapa realmente de la horca y se reencuentra con su mujer. Increíble. No seré yo quien diga que este final esperanzador de huida y reencuentro con la esposa no tiene su atractivo, pero la cuestión es que el texto original en inglés lo deja bien claro:

“Peyton Farquhar was dead; his body, with a broken neck, swung gently from side to side beneath the timbers of the Owl Creek bridge.”

Igualmente clara es la traducción al español más conocida:

“Peyton Farquhar estaba muerto. Su cuerpo, con el cuello roto, se balanceaba de un lado a otro del Puente del Búho”.

El cuento juega deliberadamente con la ambigüedad del tiempo de la narración para que el lector no tenga claro si lo narrado es real o imaginario, pero aquel “estaba muerto” del párrafo final es incontestable. No sé qué parte de “Peyton Farquhar estaba muerto” no entendió la persona que escribió el resumen del relato o si dejó de leer justo antes del último párrafo por alguna cuestión de fuerza mayor.

Como en el mundo de la edición de libros tradicional las sinopsis suelen responder al contenido de los libros a los que se refieren, supuse que aquella “traducción reciente al español” contendría una versión errónea del cuento. Y así pues, compré aquella edición bilingüe de “El incidente del puente del búho” por 2,99€ con el propósito de analizar detenidamente la versión española en busca del momento exacto en el que el traductor se equivocaba.

La siguiente sorpresa fue comprobar que la traducción “reciente” no era tal, sino la versión canónica en español, que aparece a veces atribuida a José Bianco (“Cuentos de soldados y civiles”. Orión, Buenos Aires, 1975) y otras a Alonso de Ilera (“Cuentos de soldados y civiles”. Biblioteca El Mundo; Madrid, 1998, reedición con permiso de Bibliotex. En esta compilación el título del cuento varía: “El puente sobre el río del Búho”). Aquí, en cualquier caso, aparecía sin mención a ningún autor, como si se hubiese autogenerado espontáneamente.

cubierta_Español_bierce

Cubierta de la compilación de El mundo en la que aparece el relato “El incidente del puente del Búho”

 

Sea de Bianco o de Ilera, se trata de una magnífica traducción, en la que queda claro que el ajusticiado muere (“Peyton Farquhar estaba muerto…”) y en la que se transmite con toda eficacia el aire alucinatorio que presenta en el original toda la parte de la zambullida en el río y la huida y que encamina al lector hacia la correcta interpretación del cuento.  (Desde aquí mando mi felicitación al traductor del cuento porque no era fácil trasladar el texto al castellano conservando el efecto y la intriga y se hizo magníficamente).

Ante la claridad de la traducción cabe deducir que la persona que escribió la sinopsis del libro digital no entendió el cuento, ni en inglés ni en español, y que probablemente no lo leyó entero, cosa que sin embargo no le impidió escribir el resumen del libro. La exigua ficha del producto en la web de Amazon apenas recoge la fecha de lanzamiento, el desconocido nombre de la editorial (Ediciones Spanglish, todo un presagio de la gran calidad de sus productos) y ni el menor rastro del autor de la sinopsis.

incidente_riobuho_nuevofinalcorta_editada

En el propio ebook no hay página de créditos, no figura el nombre del traductor al español, ni tampoco el de un posible editor, revisor ni maquetador. Es como si el libro se hubiera materializado él solo, de repente, sin intervención humana ninguna y en el formato correcto para ser visualizado en los e-readers de Jeff Bezos. Misterios de la autopublicación en Amazon.

Sin embargo, esa materialización espontánea sin intervención humana en plan “Hago chas y aparezco a tu lado” no impedía que al terminar la lectura apareciera una pantalla que te insta a compartir tu opinión del libro en redes sociales. (Ganas me dieron de poner un tweet tipo: “creo que alguien se ha inventado el final del cuento de alguien …”, como en los chistes de Gila).

La edición en modo “hágalo usted mismo”, también conocida como autopublicación o autoedición o Kindle Direct Publishing, tiene estos riesgos: nadie garantiza la autoría ni la calidad de una traducción. De repente te puedes encontrar con una versión de la historia en la que Colón llega en realidad a la India y no a América. Y encima te preguntan tu opinión…

—————

Por lo que he podido investigar, lo más probable es que quien haya creado este libro digital bilingüe haya sacado el material de la web de Albalearning, ya que la versión original en inglés tiene la misma errata en capítulo 2 (“to perilous” en lugar de “too perilous” en el fragmento “no adventure to perilous for him to undertake…”), errata ausente en la otra versión original más conocida y accesible, la del Proyecto Gutenberg (The Millenium Fulcrum de 1988). La versión en inglés está libre de derechos, pero no la versión en castellano, lo que significa que sus reproducciones íntegras vulneran el derecho del traductor. En cualquier caso, resulta difícil saber con certeza quién es el autor de la traducción como comentábamos más arriba.

Además, de haber tenido un editor al uso, la versión digital no tendría tantas erratas en la cubierta del libro: le falta la tilde a “edición” y a “búho”, por no mencionar que el título que figura es “El puente Buho” y no “el puente del búho” como debería figurar. El formato de la portada del libro es TIF, generado con un programa de dibujo llamado Sketch Pro, por lo que cabe deducir que el ente abstracto que creó este ebook proviene del mundo del diseño gráfico y la ilustración.

Más información sobre la obra de Ambrose Bierce y versión en español de sus cuentos en la página de Ciudad Seva.

 

Dic 11

Ponga un troll en su vida

By admin | 2.0 , comunicación , digital , humor , recomendado , redes sociales

Ponga un troll en su vida. Aprenderá muchas cosas sobre sí mismo; sobre sus propias fobias, sobre cómo encaja la crítica, y descubrirá hasta qué punto está convencido de lo que publica en su blog y hasta dónde quiere llegar con tal de tener razón (o con tal de que parezca que la tiene).

En definitiva, descubrirá su verdadera postura respecto a si el fin justifica los medios, la libertad de expresión y otra serie de aspectos sobre los que hacía mucho que no pensaba.

Nube de palabras sobre los troll

Si el lector pertenece al clan de los blogueros profesores con tarima ambulante se descubrirá a sí mismo tratando de convencer al troll de su error. En función del tipo de profesor  que sea, sus argumentos serán más bien de autoridad (“yo que tengo tal formación sé”, “el célebre X decía…”), o de lógica (si A entonces B). Algunos no pueden evitar ponerse condescendientes, otros tiran de sarcasmo. Unos exageran para convencer, otros se limitan básicamente a suspender y humillar al “alumno díscolo” delante de toda la “clase”.

Algunos rebaten punto por punto el comentario del troll mientras otros se carcajean globalmente del contenido o simplemente censuran el estilo o se agarran al primer defecto de forma que encuentran. También en esto se retrata el bloguero, la mentalidad de la atención al detalle es distinta a la del que tiende a percibir y comunicar globalmente, como explican los libros de Programación Neurolingüística.

Por supuesto, la condescencia y el sarcasmo dicen poco de nuestro respeto por el otro como interlocutor y también dejan en mal lugar nuestra capacidad de comunicación y para el análisis racional. En esto, como en la mayor parte de las cosas de la vida, la actitud es un factor determinante del resultado, y la receptividad y la capacidad de dejar en suspenso lo que dábamos por indudable son cualidades muy poco frecuentes.

 

Nube de palabras del campo semántico del troll

 

Esta actitud receptiva es rara, pero haberla, hayla. Existe cierta “raza” de blogueros que empiezan a desarrollar su argumentación por escrito siguiendo una determinada línea de pensamiento y cuando llevan un par de párrafos se dan cuenta de que la postura del troll no es tan absurda como parecía y descubren que hay una pequeña y remota posibilidad de que el autor de ese comentario incendiario no sea un troll sino simplemente alguien demasiado visceral que se inflama enseguida, que no escribe demasiado bien, pero que básicamente está en lo cierto, por más que nos moleste reconocerlo…

Para que esto suceda no sólo hace falta que el bloguero sea capaz de aparcar sus dogmas por un momento sino también que haya desarrollado una peculiar relación con la escritura, que la haya convertido en una verdadera extensión de su proceso mental, de su propia capacidad de relacionarse con el conocimiento y de preguntarse cosas (y eventualmente incluso de contestarlas). Y también hace falta que posea la capacidad de serle infiel de vez en cuando a su orgullo, porque el orgullo con frecuencia se vuelve un compañero demasiado absorbente.

 

Respira hondo y no alimentes al troll

En Internet se suele aconsejar no responder a las provocaciones de los troll

El caso del bloguero receptivo a un comentario en tono encendido pero con cierta base se da muy raras veces, porque al detectar un comentario con tono de troll en nuestro panel de moderación solemos ponernos automáticamente en modo visceral: se nos activa la amígdala y a partir de ahí resulta díficil atender a la poca o mucha razón que contenga el comentario del supuesto troll. Nuestro sistema de seguridad ha dictaminado que hay peligro y nuestros ojos escanean el texto, no tratando de entender, sino en busca de puntos débiles a los que aplicar nuestros dientes afilados para inmovilizar a la “amenaza” lo antes posible. Todo escritor o artista que se haya expuesto a las críticas del público o de la prensa conoce al detalle esta reacción a la defensiva que se desencadena cada vez que alguien osa encontrarle defectos a su obra…

Existe un tipo de reacción más, el “no alimentar al troll“, dar la callada por respuesta a la espera de que el troll se canse y se vaya. Suele ser una reacción de blogueros o foreros experimentados que han desarrollado la capacidad de detectar que el ánimo del troll es simplemente generar malestar y polémica estéril para hacerse notar o recibir una atención que no consiguen en otros ámbitos.

En Twitter, por ejemplo, es muy fácil detectar a los troll, porque suelen contar con bios mal redactadas y tener tuits repletos de salidas de tono. En los casos en los que resulta evidente que el ánimo del texto troll es únicamente molestar y destruir, el bloguero experimentado recuerda lo sucedido otras veces, respira hondo, relaja la amígdala, y actúa según le indica su Cortex Prefrontal, ignorando al incordio que intenta hacerse pasar por contrincante.

 

Si te ha gustado este post y quieres seguir las actualizaciones del blog, suscríbete para recibirlas gratuitamente por correo electrónico en el apartado “Suscríbete”, abajo a la derecha.

Dic 08

Educar la mirada en el mundo 2.0

By admin | 2.0 , comunicación , digital , diseño , formación , foto , psicología , recomendado , sociedad

-“Las Meninas” ya me las sé.
La frase la ha pronunciado un chico de unos veinte años en medio de la clase de Historia del Arte de una facultad de Bellas Artes. La declaración impacta en el pecho del profesor de casi cuarenta años como si fuera una bomba. Respira hondo y trata de encontrar ánimo para la ingente tarea que tiene por delante. No es sólo que falle la comprensión de los matices que diferencian saber, conocer y haber visto, reflexiona. Es un problema de actitud y de mirada. La mirada de quienes miran sin ver.

Lo siguiente es un ejercicio de pintura. El profesor ha proyectado una fotografía en la que aparece Eugène Atget a 1,50m x 1,50m aproximadamente para que los alumnos la dibujen. La imagen es la siguiente.

 

Retrato de Eugène Atget

Retrato en el que aparece el fotógrafo francés Eugène Atget

 

Algunos alumnos terminan su retrato muy pronto, cosa que sorprende al profesor.

-¿Habéis dibujado las gafas?, pregunta.

-¿Qué gafas?, le contestan.

Al escuchar la frase el profesor siente como si le hubiesen dado un mazazo en la cabeza con un signo de interrogación gigante. ¿Tan jóvenes y ya con problemas de vista?, se dice, incrédulo.

Como se puede ver en la parte inferior de la foto, a la izquierda, bajo la mano derecha del retratado se entreven unas gafas. Cierto que no se ven bien, pero el brillo es evidente y la postura de la mano no tendría sentido si no estuviera sosteniendo algo pequeño y ligero como unas gafas. Por no mencionar que a la hora de pintar cualquier cosa uno espera del retratista la máxima atención a los detalles…
El profesor está sorprendido e irritado. No cesa de preguntarse cómo es posible que un aspirante a pintor puede ignorar que un fotógrafo anciano evidentemente necesita gafas. Es una cuestión de cultura o de conocimiento del medio que uno no puede pasar por alto -se dice-, información de contexto imprescindible para todo artista que esté en el mundo.

Por otra parte, el profesor es consciente de que la parte inferior izquierda es una zona casi “ciega”, poco “caliente”, un área olvidada con frecuencia en el primer vistazo “casual” de todo espectador. El no percibir las gafas sería algo comprensible y normal para alguien que estuviera viendo fotos rápidamente en una pantalla de ordenador, por ejemplo, en un blog con varias imágenes de fotógrafos parisinos del siglo XX. Pero no sería comprensible ni normal en alguien especializado en artes plásticas a quien se le ha pedido que pinte lo que ve.
Que alguien que aspira a ser un buen observador y a ganarse la vida expresando mediante recursos plásticos y visuales no tenga la capacidad de detectar unas gafas en un retrato de un metro y medio de largo por un metro de alto le parece un problema grave.

Mientras apaga el proyector  y enciende la luz se dice que es asombrosa la cantidad de jóvenes pintores que necesitan aprender a mirar a sus veinte años.

[Este post relata una situación real ocurrida en 2012]
1 4 5 6